Vistas de Manila

Filipinas primera etapa: Manila y ruta por luzón norte

¡Filipinas por fin! Junto con Nueva Zelanda, éste era otro de los destinos que más ganas teníamos de alcanzar. En él nos esperaban playas paradisíacas y un fondo marino preparado para ser explorado: tortugas, mantas raya, tiburón ballena y una infinidad de corales y vida submarina aguardaban nuestra llegada. Pero antes queríamos hacer una visita a una terrícola filipina que nos ayudaría a planificar nuestros días en este país, lo que no esperábamos era que finalmente estuviéramos alojados en su casa casi una semana. Pero esto es algo que explicaremos más adelante.

Nuestra puerta de entrada a Filipinas fue la loca y caótica Manila, una ciudad engullida por los rascacielos, el tráfico incesante, el ruido, la suciedad y los karaokes a todo trapo. Estuvimos pocos días ya que tan sólo queríamos extender nuestro visado para poder disfrutar de 59 días en el paraíso, un trámite que no nos llevó más de 20 minutos.

Manila de noche
Manila por las noches ¡es más loca aún!

Aprovechamos el tiempo que estuvimos en esta enorme ciudad para visitar algunos de sus lugares más emblemáticos. Establecimos nuestro campo base en la zona de Makati, y nos alojamos en un súper hotel con instalaciones nuevas y habitaciones espaciosas, el Lub D -si reserváis en Booking desde este enlace ¡¡¡tenéis un 10% de descuento!!!- Sin duda uno de los mejores sitios donde nos hemos hospedado, sin contar nuestra vida nómada en la fantástica Rocket, ¡Cómo la echamos a faltar!

También nos desplazamos hasta la zona de Intramuros, una ciudad amurallada donde se encuentran la mayoría de los edificios hispánicos del S.XVI de cuando los terrícolas españoles colonizaron Filipinas. Visitamos el Fuerte Santiago, la Catedral de Manila, la Casa Manila, y la iglesia de San Agustín. Pasamos fugazmente por el parque Rizal y nos mezclamos con los locales en los famosos jeepneys y el abarrotado metro, dónde se hacen colas interminables en los controles policiales antes de entrar.

Después de estos tres días en la gran ciudad, cogimos un autobús dirección a Urdaneta, una ciudad ubicada ene el centro de Luzón dónde nos esperaban los que serían nuestros anfitriones durante los siguientes 5 días: Tessie, Edeth y Jacko, el “driver”. Nos recibieron con los brazos abiertos y unas San Miguel fresquitas y para nuestra sorpresa, Tessie ya nos había preparado una ruta para realizar durante nuestra estancia con ellos. Así que nos fuimos a dormir temprano ya que al día siguiente nos llevarían a visitar un lugar muy frecuentado por filipinos, el Parque Nacional One Hundred Islands. Nos levantamos tan pronto que aún no había salido el sol, ¡y eso en Filipinas es prontísimo! Desayunamos unos “pan di sal”, una especie de bollitos medio salados medio dulces, y nos tomamos nuestros primeros «tres en uno», un café con leche que viene en sobre y es horriblemente dulce. Tras algo más de tres horas en coche, llegamos a una zona llena de islas de piedra caliza con formas de champiñón. Pagamos la entrada al parque, alquilamos una bangka -la típica embarcación filipina- y nos fuimos a recorrer las islas en un «Island Hopping«, mientras salía el sol. En seguida entendimos porqué nos habíamos tenido que levantar tan temprano y es que el lugar, a pesar de ser muy bonito, se llenaba de filipinos con ganas de pasarlo bien a su estilo: tirándose con tirolinas, con sus músicas a todo volumen, y sus paseos en churros arrastrados por motoras.

Vistas de One Hundred Islands
Se puede subir a a lo alto de la isla Gobernador para disfrutar de las vistas, donde encontrarás un gigante Cristo coronando la cima.

Después de hacer un pícnic en una playa solitaria con los manjares que nos había preparado Edeth, y disfrutar de una merecida siesta, volvimos a casa de Tessie y de nuevo a dormir temprano ya que esta vez nos esperaba un viaje en coche de 10 horas hasta el norte de Luzón. No nos podíamos creer que el despertador estuviera sonando ¡a las 2 de la madrugada! Tras varias horas en coche, y algunas paradas para descansar, llegamos a Ilocos donde visitamos la iglesia azul de San Nicolás. Hicimos cuatro fotos y de nuevo al auto. La siguiente parada fue Kapurpurawan, una formación rocosa de color blanco junto al mar, que los locales acostumbran a visitar subidos a unas burras llamadas “calesa”. Nosotros preferimos ir andando para no molestar a los pobres animales. Y después de sacar cuatro fotos, de nuevo al coche y a hacer kilómetros.

Iglesia de San Nicolás
La iglesia de San Nicolás es azul celeste
Kapurpurawan
No olvides el gorro y la crema solar si vas a Kapurpurawan!

Finalmente, llegamos a Blue Lagoon, una playa de Pagudpud, al norte de Luzón, muy famosa entre los filipinos y dónde nos comentaron había un buen snorkel. Desgraciadamente, tantas horas dentro del vehículo sin a penas poder movernos, ya que íbamos 5 en el coche, provocó que a la terrícola Silvia le diera un ataque de lumbalgia que a penas le permitía subir y bajar del coche, y mucho menos hacer snorkel, tan sólo contaba las horas que quedaban para estirarse y descansar.

Paisaje Norte Luzón
La carretera que bordea la costa del Norte de Luzón tiene unas vistas impresionantes

Después del ajetreado día, nos dirigimos hacia la casa de la hija de Edeth, quién se había ofrecido a alojarnos en su humilde casa. Nos ofreció una habitación y una camita… sin colchón. Silvia quería morirse… De hecho, cada vez que recordamos ese momento nos morimos de la risa. Pero en eso momento, a Silvia no le hizo ni pizca de gracia. Dormimos como pudimos y ¡en pie tempranito que teníamos que volver a la carretera! Vigan nos esperaba, una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por ser la ciudad colonial española mejor conservada de Asia. Realmente es el lugar más bonito que vimos en los dos días de periplo por el norte de Luzón.

Campanario Bantay
Desde el campanario Bantay hay unas vistas muy bonitas de Vigan
Una calle de Vigan por la noche
Vigan es la ciudad más bonita de todo Filipinas

Visitamos su casco antiguo, compramos longanizas típicas del lugar -hasta tienen un festival de la longaniza, ¡el Longganisa Vigan Festival! – y por la noche fuimos al espectáculo de luces, agua y música que cada día, sobre las 19:30h tiene lugar en las fuentes musicales de Vigan. El lugar se pone a reventar, y como es habitual en toda Asia, tienes que lidiar con los caraduras que llegan a última hora y se quieren poner delante de ti… Nos recordó a las fuentes de Montjuïc en Barcelona, pero mucho más cutre, la verdad. No dejó de ser curioso.

Fuentes musicales de Vigan
A pesar de que el espectáculo de luces y música en las fuentes de Vigan se hace cada día, siempre está a petar

Al día siguiente, pusimos rumbo de nuevo a Urdaneta, no sin antes parar cerca de Baguio para visitar una curiosa galería de arte – Kamay na Bato Art Gallery– donde además de pinturas había multitud de esculturas de piedra con las formas más curiosas que podáis imaginar: tortugas, zapatos, caras, bustos, pero lo que más nos llamó la atención fueron las esculturas en forma de pene. Todavía nos preguntamos porqué nos llevaron a visitar aquel extraño lugar, cuando en la misma zona había playas y cascadas preciosas, está claro que el concepto que tienen los filipinos sobre lugares turísticos a veces puede ser muy diferente al nuestro.

Entrada galería Kamay na Bato
Las esculturas de piedra de la entrada, eran de los más extrañas

Y tras llegar por fin de vuelta a Urdaneta y pasar nuestra última noche con nuestros anfitriones y amigos, nos dirigimos de nuevo a Manila. Teníamos ganas de continuar la ruta a nuestro aire y sobre todo a nuestro ritmo. Corón, nuestro siguiente destino en Filipinas, nos estaba esperando.

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