Marokopa

Rumbo al sur. Primera parada: Waitomo y el bosque encantado

Los días en Auckland se estaban haciendo muy pesados, pero antes de poner rumbo al sur, todavía debíamos acabar con el papeleo de la campervan, hacer algunas compras y preparar la ruta. El papeleo tampoco os penséis que era gran cosa, básicamente fuimos a una oficina de correos a hacer el cambio de nombre y contratamos un seguro (nosotros lo hicimos con AA, a lo mejor no son los más baratos, pero te dan asistencia en carretera si te haces socio). Así que una vez tuvimos todo listo, nos despedimos de Pierre i Marine, la pareja que nos vendió la furgo, ¡y nos pusimos rumbo al sur!

Esta es nuestra nave, se llama Rocket

Nuestro primer destino iba a ser Waitomo. Nos habían explicado que existían unos gusanitos que por la noche hacían luz y no queríamos perdérnoslo, ¿serían alienígenas como nosotros? Así que después de varios kilómetros de paisajes verdes, vacas y ovejas, llegamos a Waitomo.

Verde que te quiero verde….

La primera noche, como todavía somos un poco pardillos en esto de movernos con la campervan, la pasamos en un parquing. Sabemos que no suena muy bien, pero no os penséis que era un parquing de carretera, era uno delante de un restaurante muy mono y con unas vistas muy bonitas. ¡Ah y con tres alpacas de vecinas! Pensábamos que las alpacas no se encontraban por estos lares, pero oye nosotros qué vamos a saber ¡si venimos de otro planeta!

Estas son nuestras vecinas. Un poco serias.

Al día siguiente nos despertaron unas ocas, les dimos unos trozos de pan y nos fuimos a explorar la zona y a estirar las piernas, que esto de la furgo es muy guapo, pero te quedas deslomado de ir agachado todo el día. Primero paramos a ver el Mangapohue Natural Bridge, una cueva enorme que dicen que es un puente natural, pero vamos que era una cueva. También había una ostra gigante fosilizada de 35 millones de años de antigüedad, pero nosotros no vimos nada con tanta piedra.

Cueva-puente

La siguiente parada fue para ver las Marokopa Falls, unas cascadas impresionantes de 35 metros de altura, aunque hay que hacerse sitio a codazos para poder verlas, ya que están a 5 minutos de la carretera. Y finalmente paramos a ver las Piripiri Caves, nada del otro mundo.

Marokopa Falls

Pero lo que realmente teníamos ganas de hacer, y que era para lo que habíamos ido a Waitomo, era el Ruakuri Bushwalk, un paseíllo por un bosque frondoso con riachuelos, puentes de madera, cuevas y lo más importante, los Glow Worm o gusanillos de luz. Así que primero hicimos el paseíllo de día, para no perdernos por la noche, aunque la verdad es difícil perderse, ya que aquí tienen todos los caminos tan marcados que sólo les falta poner ascensores.

El bosque Ruakuri parece encantado!

Si el bosque de día era bonito, de noche se convertía en un bosque mágico, lleno de lucecitas de color azul por todas partes, colgadas de los árboles y las paredes de roca. Un espectáculo natural que mereció la pena la espera.

No se ven mucho, pero es que son unos gusanos muy pequeños!

Y ahora de nuevo en ruta. Próxima parada: el monte Taranaki!

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